Maite dijo esto con una expresión entre maliciosa y urgente, mientras contenía la abundante corrida dentro de ella, a pesar de que ya fluían varios chorros perlados entre sus piernas...
Manuel se acercó a ella, preparando su polla dura y brillante, dispuesto a follarse finalmente a su mujer, después de haber cedido el paso a ese par de desconocidos, que seguían allí de pie. Lo que le hizo darse cuenta de que no habían terminado con ella fue la mirada cómplice que se intercambiaron los tres, mientras los dos hombres empezaban a masturbarse lentamente, sus penes por fin flácidos...
Maite le pidió a su marido que le limpiase aquella descarga, cosa que él no se esperaba, y después de dudar unos segundos, accedió a ello, sumido en el morbo. Empezó a lamer la vulva de su esposa, sintiendo el calor y el olor que desprendía entre sus piernas. Ella le pidió que metiese la lengua, y él lo hizo obediente, mientras sentía el denso semen, mezcla de los dos sementales, que seguían masturbándose, y sus pollas empezaban a endurecerse de nuevo...
Manuel se concentró en limpiar bien a su mujer, lo cual incluía tragarse la mayor parte de la leche, y ella gemía complacida. Su marido estaba concentrado en su labor, cuando la mano de su esposa cogió parte del semen y se lo untó en el culo a Manuel. Primero le untó con el semen caliente, y luego un dedo y posteriormente dos, se colaron lentamente en su ano... Manuel no tuvo tiempo de verlo venir, y mientras estaba metido entre las piernas de su mujer, con la lengua clavada hasta el fondo de su vagina, sintió cómo resbalaba dentro de él sin piedad el pene de uno de los hombres. Tuvo un sobresalto, pero inmediatamente su mujer le pidió que se relajase, para sentir lo que ella acababa de sentir. Ella cerró las piernas atrapando la cara de su marido, mientras éste sentía cómo le sujetaban por las caderas y el pene, aún no duro del todo (menos mal), entraba poco a poco en su culo lubricado...
Él sentía cómo se lo estaban follando, lo cual acababa de ver en su mujer, y sintió la necesidad de no quejarse, de dejarse humillar, ya que no se sentía con derecho a protestar por algo que unos minutos antes le había producido tanto placer. Su pene estaba a punto de reventar, y a esas alturas la polla del amigo de su mujer ya estaba bastante dura dentro de él, resbalando casi sin dificultad, cuando ella le liberó de sus piernas, y entonces le cogió del pelo y le descubrió al otro hombre, el que tenía el pene más grande. Estaba justo delante de su cara, empezaba a tener el pene duro de nuevo, y entonces ella le pidió a su marido que le acabase de poner a tono. Manuel no tuvo elección. Con las manos del otro hombre en su cintura, folládoselo sin piedad, sólo pudo abrir la boca, y tratar de tragarse el pene del otro hombre, al que su mujer ayudó a completar la operación. Ella le frotaba los huevos, y Manuel sentía la polla poniéndose cada vez más dura en su boca.
Maite le pidió que tragase aquello, y le miraba con orgullo, mientras le frotaba el pene al ritmo de las embestidas del otro, que estaba a punto de correrse de nuevo. Manuel sentía su garganta llena con aquel pene, mientras su culo ya tragaba el otro sin problema. Su mujer se acercó a su oído y le hizo un comentario burlón, lo que provocó que se corriese en el acto, sin poder hacer nada por evitarlo. Entonces ella les dirigió a los dos hombres una especie de orden y aceleraron el ritmo en pleno orgasmo de su marido, que repentinamente sintió una descarga casi simultánea en su boca y en su culo, mientras los dos le transmitían sus espasmos...
Manuel se acercó a ella, preparando su polla dura y brillante, dispuesto a follarse finalmente a su mujer, después de haber cedido el paso a ese par de desconocidos, que seguían allí de pie. Lo que le hizo darse cuenta de que no habían terminado con ella fue la mirada cómplice que se intercambiaron los tres, mientras los dos hombres empezaban a masturbarse lentamente, sus penes por fin flácidos...
Maite le pidió a su marido que le limpiase aquella descarga, cosa que él no se esperaba, y después de dudar unos segundos, accedió a ello, sumido en el morbo. Empezó a lamer la vulva de su esposa, sintiendo el calor y el olor que desprendía entre sus piernas. Ella le pidió que metiese la lengua, y él lo hizo obediente, mientras sentía el denso semen, mezcla de los dos sementales, que seguían masturbándose, y sus pollas empezaban a endurecerse de nuevo...
Manuel se concentró en limpiar bien a su mujer, lo cual incluía tragarse la mayor parte de la leche, y ella gemía complacida. Su marido estaba concentrado en su labor, cuando la mano de su esposa cogió parte del semen y se lo untó en el culo a Manuel. Primero le untó con el semen caliente, y luego un dedo y posteriormente dos, se colaron lentamente en su ano... Manuel no tuvo tiempo de verlo venir, y mientras estaba metido entre las piernas de su mujer, con la lengua clavada hasta el fondo de su vagina, sintió cómo resbalaba dentro de él sin piedad el pene de uno de los hombres. Tuvo un sobresalto, pero inmediatamente su mujer le pidió que se relajase, para sentir lo que ella acababa de sentir. Ella cerró las piernas atrapando la cara de su marido, mientras éste sentía cómo le sujetaban por las caderas y el pene, aún no duro del todo (menos mal), entraba poco a poco en su culo lubricado...
Él sentía cómo se lo estaban follando, lo cual acababa de ver en su mujer, y sintió la necesidad de no quejarse, de dejarse humillar, ya que no se sentía con derecho a protestar por algo que unos minutos antes le había producido tanto placer. Su pene estaba a punto de reventar, y a esas alturas la polla del amigo de su mujer ya estaba bastante dura dentro de él, resbalando casi sin dificultad, cuando ella le liberó de sus piernas, y entonces le cogió del pelo y le descubrió al otro hombre, el que tenía el pene más grande. Estaba justo delante de su cara, empezaba a tener el pene duro de nuevo, y entonces ella le pidió a su marido que le acabase de poner a tono. Manuel no tuvo elección. Con las manos del otro hombre en su cintura, folládoselo sin piedad, sólo pudo abrir la boca, y tratar de tragarse el pene del otro hombre, al que su mujer ayudó a completar la operación. Ella le frotaba los huevos, y Manuel sentía la polla poniéndose cada vez más dura en su boca.
Maite le pidió que tragase aquello, y le miraba con orgullo, mientras le frotaba el pene al ritmo de las embestidas del otro, que estaba a punto de correrse de nuevo. Manuel sentía su garganta llena con aquel pene, mientras su culo ya tragaba el otro sin problema. Su mujer se acercó a su oído y le hizo un comentario burlón, lo que provocó que se corriese en el acto, sin poder hacer nada por evitarlo. Entonces ella les dirigió a los dos hombres una especie de orden y aceleraron el ritmo en pleno orgasmo de su marido, que repentinamente sintió una descarga casi simultánea en su boca y en su culo, mientras los dos le transmitían sus espasmos...


