martes, 6 de diciembre de 2016

dando la talla en un encuentro ideal

Después de comer me quedo un rato en el sofá descansando, tratando de relajarme, preparándome psicológicamente para mi quedada. Me asaltan muchas dudas, la más importante es si estaré a la altura de lo que espera de mi. Tomo consciencia de que he quedado con un tío, cosa que ya de por sí es extraña. No se lo podría contar a nadie, es algo incomprensible, incluso para mí mismo que adoro a las mujeres. En cualquier caso la condición única se cumple, así que no puedo exigir ni por supuesto echarme atrás. Esa condición es que el hombre debe dejarme algo de ropa de su mujer, como parte del show. No sé si aguantaré la presión, ¿te imaginas que me voy del todo por el morbo?. Podría pasar, pero espero, una vez más, estar a la altura...

Llega la hora calculada, y me espabilo un poco. Preparo la ducha, mientras compruebo mi repertorio, por si acaso. Imagina que su mujer no es muy alta, o no me valen sus braguitas. O simplemente que no hay bragas en el pack de bienvenida... Por eso tengo un tanga, unos pantys y un sujetador listos, por si acaso.

Me ducho y trato de limpiarme bien, ante todo estar lista para lo que surja, llevo tres días sin descargar, me reservo desde que me confirmó la cita. ¿Y si no le gusto?. He avisado que no estoy depilada, pero haré lo posible por ser suave y agradable. Me seco bien y al ponerme el tanga y el sujetador ya noto mi pene duro, así que me subo los pantys y eso ayuda a contener un poco mi erección, estoy impaciente. No puedo evitar pasarme las manos por el culito, es agradable, pantys marrones, uffff......

Cojo preservativos, me pongo ropa de hombre y salgo disparada. En poco tiempo estoy en el lugar acordado, su casa, en un barrio poco frecuente para mí, por fortuna. Me late el corazón a mil, como cada vez que hago algo así. Ya estoy arriba, y al abrirse la puerta me pongo cardíaca. Un hombre normal me recibe, y aunque le noto un poco nervioso, me da tranquilidad el hecho de no notar rechazo en su primera mirada. Más bien lo contrario, es majo y me recibe con voz baja, haciéndome pasar rápido. Yo colaboro y discretamente le sigo. De camino al salón calculo la belleza de su pareja, en base a su aspecto. Ella debe ser normal, guapa probablemente, madura seguro, él tiene unos 47 años. Me ofrece algo de beber, y acepto aunque espero empezar cuanto antes. Me muestra el dormitorio y sobre la cama veo varias prendas. Algo naranja, unos pantys negros y un par de tangas...

Le susurro que se relaje, adoptando el papel activo, y me acerco a la cama, mientras le noto sentarse en el sofá, con la copa en la mano. Me acerco y veo un vestido muy elástico (bien!), un tanga negro y una braga blanca, unos pantys negros, y también un sujetador negro. Entonces oigo a mi espalda:

- "Ella está buenísima, tenías que verla, pero hace tiempo que no tenemos nada de sexo, espero que cumplas eso que me has prometido de ponérmela dura, eso es todo tuyo". Y se vuelve al salón.

Noto la presión, y no tardo ni 5 minutos en desnudarme completamente y ponerme la ropa de ella, siento mi pene duro y ansioso, es un morbo indescriptible que espero poder transmitirle a su marido... Esos minutos en el dormitorio desconocido donde tantos polvos habrán echado, ufff....

Me coloco el vestido y mientras me miro al espejo descubro que la braga blanca que he dejado ahí tiene un pequeño cerco amarillento en la entrepierna. Está usada por ella!...

Empiezo a andar hacia el salón, y entonces decido llamarle, me gusta más la habitación. Me dice que en principio no le gustaría hacer nada en la cama, lo acepto por respeto a ella, y le digo que no se preocupe. Sobre la alfombra empiezo a moverme, contoneándome y acariciándome las piernas y las caderas delante de él. Noto mis pezones duros bajo el sujetador, y entonces veo que él se sienta sobre la cama y empieza a mirarme, sobre todo el culo. Le susurro que puede tocarse, en un alarde de valentía que no sé de dónde saco. Mientras tanto sigo mi contoneo y me inclino, para dejar entrever un upskirt provocador. Él empieza a frotarse a través del pantalón, y yo procuro que se me note la marca del pene duro bajo la falda...

El vestido me encanta, y noto que me siento muy a gusto provocándole, ya se le nota el pene duro, y claro, es cuestión de tiempo que se lo saque y empiece a masturbarse. No sé a dónde vamos a llegar, pero ya veo factible el objetivo de darle morbo y ponérsela dura. Me llevo la braga de su mujer a la boca y noto cómo mi pene se sale del tanga, bajo los pantys, resbalando por el líquido preseminal.

Entonces veo que se me acerca, y le animo a tocarme, cojo su mano y me la pongo en la entrepierna, noto que el morbo le puede, y le digo que puede tocar lo que quiera, que me considere como a su mujer. Eso le anima, y empieza a meterme mano por todos lados, primero me soba el culo, luego pasa por mi entrepierna, juguetea con mi pene apretado, y luego me pellizca los pezones. Su respiración crece de ritmo, me pone más caliente a mi, y noto que esto se precipita, pero estoy tan a gusto que me dejo hacer, excepto besos, aquí hay de todo...

Se agacha y me mira desde abajo como para verme las bragas, es un fetichista ideal, me encanta coincidir en los gustos con él, cada vez estoy más dispuesta a dejarme llevar. Su respiración se acelera y no sabe dónde tocar, deseo aliviarle, me apetece ponérselo fácil. Le digo al oído, con delicadeza que no se reprima, que soy su putita para todo. Me susurra algo tipo "no me reconozco, pero me puede el morbo", y entonces me inclino hacia delante y pego mi culo a su pene, cojo un preservativo y le animo a ponérselo. Lo hace y entonces me pongo de rodillas y hago mi mejor felación, sintiendo su glande casi explotar en mi boca. Quiero DESEO que me penetre, y me abro un agujero en los pantys. Lo justo para que me ponga la punta, que ya he dejado llena de saliva. También me he lubricado bien en casa, así que cuando le noto buscar mi agujerito, tardamos poco tiempo en coger un ritmo al que no aspiraba en un principio, pero que ahora me parece super agradable. Me está follando como a su mujercita.
A cada embestida desesperada, siento mi pene resbalar dentro de los pantys, y cuando empieza a gemir y a llamarme cariño, y a decir lo caliente que le he puesto, noto que estoy a un paso de correrme. No sé cómo consigo aguantar, y cuando veo que ya está a punto, me arrodillo rápidamente y le cojo el pene en mis manos, muy cerca de mi cara, y le masturbo desesperadamente, mientras noto cómo me sobreviene el orgasmo, y me descargo con el roce de los pantys en mi pene, llenandose mi entrepierna de semen caliente, mientras él ahoga un gemido y se corre también, salpicándome la cara de lado, a pesar de que siento la necesidad imperiosa de recibir al menos una salpicadura en mi boca. El calor de su semen me golpea los labios, y entonces hago lo contrario a lo que desearía, que es tragármelo como esas actrices porno. Escupo todo y noto cómo me resbala por la barbilla y el cuello el fruto del calentón que yo misma he provocado en él. Como una auténtica.... putita.

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